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Como nací en Junín, los banquitos siempre me parecieron algo que existía en todos lados. Como las tortas de trigo. Como quizás las lagunas.
Pero cuando me mudé a La Plata, hace 16 años, y volvía cada tanto a mi ciudad, empecé a notar que no era algo tan usual: en los frentes de las casas aparecían banquitos, todos distintos, todos particulares, posados sobre las veredas a la espera de gente, de conversaciones y de historias.
Hoy aparece un proyecto: conversar con los banquitos de Junín y con las personas humanas y no humanas que los habitan y los habitaron.
Preguntarles de dónde vienen. Quién los hizo. Por qué algunos desaparecen. Por qué otros caminan hasta otras casas, vuelven, cambian de color, son arreglados, transformados.
En una actualidad que muchas veces nos propone el aislamiento y el individualismo, confío en ellos una pequeña apertura. Una forma de necesitar del mundo.
Ya hice un primer mapa con los banquitos registrados. Seguramente falten muchos.
El mapa está disponible ACÁ